Por este motivo, las áreas de Recursos Humanos deben dar un giro reflexivo y comenzar a cuestionar el funcionamiento del sistema en lugar de etiquetar individualmente al colaborador. Cuando surge un conflicto con la autoridad, el análisis se empobrece si se limita a una interpretación psicológica aislada. Es indispensable examinar el entorno actual a través de interrogantes clave: ¿De qué manera ejercen el poder los líderes? ¿Cómo se gestiona el error dentro del equipo? ¿Existe la seguridad psicológica necesaria para manifestar un desacuerdo o proponer un pensamiento divergente?
El contexto inmediato tiene un peso determinante en el bienestar. Una cultura corporativa que valida la escucha activa y el respeto mutuo actúa como un catalizador terapéutico capaz de sanar vínculos, incluso en quienes arrastran un pasado difícil. Por el contrario, dinámicas fundamentadas en la humillación, la contradicción o la amenaza destruyen los lazos de confianza de cualquier persona, sin importar cuán estable haya sido su infancia.





