La mirada de Recursos humanos ante los conflictos con la autoridad en los colaboradores

En el ámbito de la gestión del talento, ha cobrado fuerza la idea de que cualquier fricción con el liderazgo proviene de heridas no resueltas con la figura paterna durante la infancia.

TRABAJO

David Alfaro Lemus

6/19/20262 min read

Por este motivo, las áreas de Recursos Humanos deben dar un giro reflexivo y comenzar a cuestionar el funcionamiento del sistema en lugar de etiquetar individualmente al colaborador. Cuando surge un conflicto con la autoridad, el análisis se empobrece si se limita a una interpretación psicológica aislada. Es indispensable examinar el entorno actual a través de interrogantes clave: ¿De qué manera ejercen el poder los líderes? ¿Cómo se gestiona el error dentro del equipo? ¿Existe la seguridad psicológica necesaria para manifestar un desacuerdo o proponer un pensamiento divergente?

El contexto inmediato tiene un peso determinante en el bienestar. Una cultura corporativa que valida la escucha activa y el respeto mutuo actúa como un catalizador terapéutico capaz de sanar vínculos, incluso en quienes arrastran un pasado difícil. Por el contrario, dinámicas fundamentadas en la humillación, la contradicción o la amenaza destruyen los lazos de confianza de cualquier persona, sin importar cuán estable haya sido su infancia.

Si bien es innegable que nuestras experiencias tempranas dejan huellas estructurales en la psique, aceptar esta premisa como una verdad absoluta conlleva el riesgo de simplificar excesivamente la riqueza del comportamiento humano y despojar al individuo de su complejidad presente.

Las personas no entran a una empresa cargando únicamente un expediente familiar. Al espacio laboral acude un ser humano completo: con trayectorias profesionales previas, expectativas de desarrollo, necesidades económicas legítimas, estilos particulares de personalidad y un bagaje cultural en constante transformación. Reducir los desafíos de interacción actuales a una fórmula lineal del pasado es ignorar que la experiencia humana es diversa; de hecho, existen personas con historias familiares sumamente complejas que logran entablar colaboraciones perfectamente saludables, mientras que otras, provenientes de entornos estables, experimentan dificultades para consolidar la confianza mutua.

Las personas reaccionan a lo que experimentan día con día en su realidad inmediata, no solo a lo que vivieron décadas atrás. Para respaldar esta visión sobre el potencial de cambio en el aquí y el ahora, resulta oportuno recordar las palabras del psicólogo humanista Carl Rogers: “El individuo posee en sí mismo potenciales recursos para la propia comprensión, para cambiar su autoconcepto, sus actitudes y su comportamiento autodirigido”.

Esta convicción nos devuelve la esperanza dentro de las organizaciones. Si asumimos que las relaciones humanas no están sentenciadas por el pasado, sino que se co-construyen en el presente, reconocemos también que cada colaborador conserva intacta su capacidad para aprender, sanar y desplegar nuevas y más sanas formas de vincularse con su entorno.